Durante casi 30 años estuvimos cultivando el hongo equivocado

Un estudio filogenómico revela que la mayoría de las cepas comercializadas como Psilocybe natalensis pertenecen en realidad a una especie diferente: Psilocybe ochraceocentrata. El hallazgo reescribe parte de la historia de uno de los hongos psilocíbicos más populares entre cultivadores e investigadores.

– Por Javi Merino –

Hay descubrimientos que nacen de una expedición a una selva remota. Otros aparecen al observar una galaxia lejana. Y algunos, quizá los más desconcertantes, surgen cuando los científicos vuelven a mirar aquello que creían conocer perfectamente.Eso fue exactamente lo que ocurrió con Psilocybe natalensis.

Durante casi tres décadas, investigadores, colecciones micológicas, bancos de esporas y miles de cultivadores de todo el mundo dieron por hecho que trabajaban con una misma especie descrita en Sudáfrica en 1995. Sin embargo, un estudio publicado recientemente ha demostrado que la mayor parte de esas muestras nunca fueron Psilocybe natalensis.Eran otra especie.Su nombre es Psilocybe ochraceocentrata.

El descubrimiento añade una nueva especie al género Psilocybe, obligando a reinterpretar años de publicaciones, colecciones…

Una historia que comenzó en Sudáfrica

En 1995, los micólogos Jochen Gartz, David Reid, M.T. Smith y Albert Eicker describieron oficialmente Psilocybe natalensis a partir de ejemplares recolectados en la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal.En aquella época, la taxonomía de los hongos dependía principalmente de la observación. El tamaño de las esporas, la forma de los cistidios, el color del sombrero o la estructura del velo parcial eran las herramientas con las que los investigadores delimitaban las especies.Era una metodología sólida para su tiempo.Pero tenía un límite evidente: dos especies diferentes pueden parecer casi idénticas.Y eso fue precisamente lo que ocurrió.

La revolución llegó con el ADN

Con el auge de la biología molecular, la identificación de hongos dejó de depender exclusivamente de la morfología. Los investigadores comenzaron a comparar regiones completas del ADN para reconstruir la historia evolutiva de las especies con una precisión impensable apenas unas décadas antes.Aun así, nadie había secuenciado el ejemplar original sobre el que se describió Psilocybe natalensis. Hasta ahora…

El equipo liderado por Andrew Bradshaw decidió regresar al punto de partida: analizar el material tipo conservado en herbarios y compararlo con nuevas colecciones procedentes de Sudáfrica, Zambia y Zimbabue mediante marcadores moleculares como ITS, EF1α, RPB1 y RPB2.Lo que encontraron sorprendió incluso a los propios investigadores.

Las cepas distribuidas durante años bajo el nombre de «Natalensis» no pertenecían al verdadero Psilocybe natalensis.

Constituían una especie diferente, nunca descrita formalmente. Así nació Psilocybe ochraceocentrata. El pariente que nadie esperabaEl hallazgo resolvió otra cuestión que llevaba años generando debate. ¿Cuál era el pariente silvestre más cercano de Psilocybe cubensis?Hasta hace poco muchos investigadores asumían que ese lugar correspondía a P. natalensis. Sin embargo, los análisis filogenómicos cuentan una historia distinta. La especie hermana de P. cubensis es, en realidad, Psilocybe ochraceocentrata. Ambas divergieron hace aproximadamente 1,5 millones de años, mucho antes de la domesticación del ganado.Este dato debilita la hipótesis de que P. cubensis surgiera como consecuencia directa de la expansión ganadera. Más bien, todo apunta a que la especie ya existía y que la proliferación del ganado facilitó posteriormente su expansión por diferentes continentes.

¿Cómo pudo pasar desapercibida?

Porque la naturaleza rara vez sigue nuestras categorías. Las dos especies crecen sobre estiércol de grandes herbívoros. Ambas presentan un intenso azuleamiento al manipularlas. Sus cuerpos fructíferos son extraordinariamente parecidos. Incluso las medidas de sus esporas muestran un amplio solapamiento. Aunque Psilocybe ochraceocentrata suele presentar un centro del sombrero de tonalidad ocre (el rasgo que inspira su nombre científico) y una mayor frecuencia de queilocistidios capitados, ninguno de estos caracteres permite una identificación completamente fiable por sí solo.La conclusión de los autores es clara: distinguir ambas especies requiere combinar observaciones morfológicas con análisis moleculares.

Las consecuencias para la comunidad micológica

Más allá de la nomenclatura, el descubrimiento tiene implicaciones prácticas. Durante años, gran parte de la información disponible sobre cultivo, comportamiento micelial o características de las cepas «Natalensis» se ha atribuido al verdadero Psilocybe natalensis. Hoy sabemos que, en muchos casos, esas observaciones corresponden realmente a Psilocybe ochraceocentrata. No significa que esos datos sean incorrectos. Significa que pertenecen a otra especie. Es un matiz que puede parecer menor para el público general, pero resulta fundamental para investigadores, colecciones de referencia, bancos de germoplasma y proyectos de conservación.

Cuando la ciencia cambia de opinión

Es frecuente interpretar este tipo de descubrimientos como una demostración de que la ciencia estaba equivocada. En realidad, ocurre exactamente lo contrario. La fortaleza del conocimiento científico reside en su capacidad para corregirse cuando aparecen nuevas evidencias. Durante treinta años, la identificación de Psilocybe natalensis se basó en las mejores herramientas disponibles.Hoy, gracias a la filogenómica, conocemos una historia mucho más precisa.Y esa historia nos recuerda una de las lecciones más valiosas de la micología: incluso los hongos que creemos conocer mejor pueden necesitar una revisión, la filogenia está revolucionando todo.

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